Colores de mi vida.
Yo mismo, Charly
Desde que entramos en la era digital, los buenos momentos de nuestra vida van acompañados de una foto. Una imagen que activa tu mente y te lleva a buenos ratos, unos ratos que evaden tu mente por un momento. El buen rato fotografiado más arriba describe un encuentro veraniego en Caños de Meca (Cádiz). Sol, playa y piscina de plástico. Buena cocina, buenos refrigerios en el chiringuito y muchas horas en una casa. El ala oeste de la Casa Blanca, películas, y visitantes de última hora recién asaltados.
En esa foto hay una persona muy especial: Raúl Albert Martín (a la izquierda de la foto con camiseta amarilla de rayas), mi compadre. A Raúl lo conozco desde hace unos 20 años, más o menos. Veraneábamos juntos en el pueblo de nuestros padres. Vive en Sevilla, trabaja en una empresa de montaje de aluminio. Tiene 27 años. Es de aquellos amigos por los que lo daría todo. No hay semana en la que no crucemos palabra, pese a la distancia. Creo que los mejores momentos de mi infancia los compartí con el: la bici, las travesuras, las niñas, la fiesta, juntos nos hicimos adolescentes y no sé si también nos hemos hecho hombres. En nuestra niñez tuvimos nuestro propio Chanquete. Un abuelo del pueblo al que nos confesábamos día si día también, un abuelo no carnal que por suerte sigue entre nosotros (el bueno de Valeriano). Digo nuestro Chanquete porque siempre acudía en nuestra ayuda cuando hacíamos alguna que otra travesura. Todavía hoy lo visitamos juntos cada vez que coincidimos por el pueblo, pasamos horas charlando. Bueno más que charlando escuchando a un sabio.
Podría destacar muchas cosas de Raúl y su entorno, pero si algo es especial en su vida esa es su familia. Por el arte y la gracia, por la hospitalidad y el cariño que siempre he sentido de ellos hacia mi. Sus padres, sus hermanos o sus tíos y primos. Desde el primer día que entré en aquella casa me sentí parte de la familia. En esa familia he conocido la Andalucía real. Ellos me siguen abriendo el mundo de la risa, la broma, el cachondeo,… pero también el mundo del cariño por los y las tuyas.
Espero poder vivir muchos más ratos con ellos, es en los pocos momentos de mi vida que me olvido de todo. Porque cuando tu vida gira alrededor de algo tan absorbente como la política, los ratos de evasión son oro puro, y supongo que esa es la evasión que siento en el entorno de los Albert.
Amistad, recuerdos, veranos azules. Bicis, travesuras, el abuelo sabio, el amor del verano y tu primer cigarro (maldito sea), las charlas largas hasta altas horas de la noche, Sevilla y Andalucía, el calor y el sol, las estrellas, las historias de miedo, el alquitrán de la carretera. Recuerdos de evasión de aquellos vernos azules.
A Raúl Albert Martín
Los amigos son esa parte de la
raza humana con la que uno
puede ser humano.









